Sylvester Stallone nunca ha tenido reparos en admitir sus aciertos y errores en la industria del cine, pero si hay una espina que le pesó durante años, esa fue Rocky V (1990). La película, pensada originalmente para ser el capítulo final del legendario Potro Italiano, terminó convirtiéndose en un amargo trago tanto para la crítica como para el propio actor.
Para Stallone, el principal problema de la quinta entrega fue la pérdida de la esencia del personaje. Mientras que las entregas anteriores celebraban la superación, la dignidad y la perseverancia, Rocky V llevó a Balboa a una situación de ruina financiera y problemas de salud mental que rompió el vínculo emocional con la audiencia. La decisión de trasladar el clímax a una pelea de callejón contra su exalumno Tommy Gunn, en lugar de un ring profesional, restó el dramatismo deportivo que caracterizaba a la franquicia.
El propio Stallone ha calificado la película en diversas entrevistas como un «cero de diez» y ha admitido que sintió que le falló a los fanáticos al dejar ir a Rocky de una manera tan mediocre. De hecho, la frustración por no haberle dado un cierre digno al personaje fue lo que lo motivó a luchar durante más de quince años para dirigir y escribir Rocky Balboa (2006), la sexta entrega que finalmente redimió el legado del boxeador de Filadelfia en el cine.
















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