República Dominicana posee la única mina de Larimar de todo el planeta

BARAHONA. En las profundidades de la Sierra de Bahoruco, en el suroeste de la República Dominicana, se esconde una de las rarezas geológicas más fascinantes del planeta. Se trata del Larimar, una piedra semipreciosa que destaca por sus cautivadoras tonalidades que van desde el azul cielo hasta el turquesa profundo, con patrones que imitan el movimiento de las olas del mar.

A diferencia del oro, los diamantes o los rubíes —que pueden hallarse en yacimientos repartidos por diversos continentes—, el Larimar ostenta una exclusividad absoluta: las montañas del distrito municipal de Bahoruco, en Barahona, son el único punto de todo el globo terráqueo donde esta gema se forma y se extrae.

Un origen volcánico e irrepetible

Desde el punto de vista mineralógico, el Larimar es una variedad extremadamente rara de pectolita. Aunque la pectolita existe en otros países, suele presentarse en tonos grises, blancos o incoloros. Sin embargo, debido a una combinación de procesos volcánicos ocurridos hace millones de años en esta zona del Caribe, el cobre se filtró en su estructura molecular, dándole ese azul característico.

¿De dónde viene su nombre?

La gema fue bautizada en 1974 por el artesano Miguel Méndez al combinar el nombre de su hija, Larissa, con la palabra Mar, debido al asombroso parecido de las vetas de la piedra con las aguas turquesas del mar Caribe.

Datos clave de este tesoro caribeño

  • Piedra Nacional: En 2011 fue declarada oficialmente como Piedra Nacional de la República Dominicana, y cada 22 de noviembre se celebra el Día Nacional del Larimar.
  • Extracción artesanal: Se obtiene a cientos de metros de profundidad en la mina de Los Chupaderos, mediante túneles excavados por mineros locales.
  • Criterio de valor: Cuanto más intenso es su color azul y más definidos son sus patrones blancos en forma de red, mayor es su valor en la alta joyería internacional.

Además de su valor económico e industrial para los artesanos y joyeros de Barahona, el Larimar se ha convertido en un símbolo de la identidad dominicana y en una parada obligatoria para los amantes de las curiosidades naturales y el turismo geológico.

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